Como últimamente os he dado muchos disgustos con esto del no borrado de los comentarios en el post de cuántica, os dejo un regalito, jeje, para quitar el mal sabor de boca!
También quiero compartir con todos un artículo que me han enviado hoy, de un físico español, que está cambiando la manera de ver la educación, y prentende acabar con la crisis. Es muy breve, os aconsejo que lo leáis, porque dará que hablar...
Y para todos aquellos que os gustaba la serie de Salto al Infinito (Sliders) y para los que no la conocen todavía, os dejo aquí un enlace a la primera parte del primer capítulo que está en youtube. El resto del capítulo está acto seguido en el youtube por partes también. Genial. jejeje.
Hoy me dio por recordar, pero esta vez de verdad, no como cuando escribo algo aquí y no es la vida real. Pero hoy sí, creo que necesitaba recordar. Ver si he cambiado en el tiempo, si las cosas que antes me afectaban, ahora ya no, o si he madurado en algo. En resumen, comparar mi vida de ahora con la de hace unos años. He leido cosas que escribía en un cuaderno hace tiempo. Y parece que ahora ya no me afectan las cosas, sucede algo que debería por lo menos entristecerme, y a las dos horas ya no me acuerdo y me da pereza hasta contarlo. Una reacción extraña. Pero puede que útil. Simplifico mejor los problemas. Los que son realmente graves les presto la atención. Pero el resto, los superficiales, los identifico mejor, y dejo de preocuparme por ellos casi al instante. Puede que eso también sea madurar. Saber que hay que luchar por las cosas, pero también darse cuenta de por qué cosas no merece la pena luchar, ni molestarse en pensar en ello... Hoy precisamente me di cuenta que aunque a veces me quiera convencer de lo contrario, ya no me duelen los temas de amor. Cuando se ha conocido la perfección en ese aspecto, todo lo demás parece superficial. Puedo olvidar a alguien en unos pocos minutos. Como ya he dicho, es triste, pero bueno para mi economía mental.
Y hoy leyendo esos cuadernos, he visto que un día escribí algo curioso. Creo que estaba de viaje en el autobús, y durante el camino hacia donde sea que vaya, siempre me da por pensar. Ese día, hace más de tres años, escribí algo tal que así:
"A veces los días se vuelven tan negros como el corazón. Hoy es un día apagado, triste, negro. Todo es tan difícil... Hasta tirar la toalla se me hace difícil. Veo pasar casas. ¿Quién habrá en ellas? A veces me fijo y me imagino cómo serán las vidas de esa gente que nunca conoceré y que sin embargo paso mil veces por delante suyo. ¿Por qué alguien a veces se detiene a conocer a alguien? ¿Por qué nos detuvimos? ¿Qué finalidad tenía conocernos? No podemos querernos, y sin embargo, es tan difícil olvidar..."
Y es cierto, nos cruzamos con miles de personas cada día, ¿por qué precisamente nos detenemos en una persona? Y luego, al hacer balance cuando todo termina, ¿por qué pensamos que ha podido suceder? ¿el azar? ¿el destino? ¿o hay algo que hace que nos detengamos por alguna causa en particular? De todo hay que sacar algo en claro, la vida no pasa en balde. Pero a veces las experiencias sólo sirven para corroborar algo que ya sabías. Que no merece la pena perder el tiempo en algo o en alguien que en el fondo no nos importa como debiera. Que no podemos engañarnos a nosotros mismos, y menos en este tipo de temas. Cada uno busca un tipo de persona en particular. Hay quien no es exigente y no pide nada en particular. Otros, y me incluyo en este grupo, son demasiado exigentes, pero puede que porque ya han conocido esa perfección difícil de encontrar, y no estarán satisfechos hasta encontrar algo igual o mejor. Por eso lo que al resto le vale, a nosotros nos parece ínfimo. Puede que no se nos comprenda del todo. Yo he llegado un momento en el que me da igual que no se me comprenda. Lo que busco es la felicidad. Y si no la encuentro con lo que me cruzo en estos momentos, no me voy a conformar con menos. En la vida no hay que conformarse con lo que se tenga, siempre hay que aspirar a más. Y eso es exactamente lo que voy a seguir haciendo, le pese a quien le pese. No son fantasías, es mi manera de ser, no me conformo con poco. No es que ahora no sea feliz, porque lo soy, y mucho, pero por eso mismo, porque nunca me he conformado con lo mínimo. Y espero que por lo menos en eso, no cambie nunca, aunque pasen mil años...
Siento muchiiiiisimo no venir por aqui tanto como me gustaría, pero es que se me hace casi imposible! Pero sabéis que siempre acabo volviendo, jeje. A Laura la tengo un poco olvidada, pero a ver si mi musa me visita y vuelvo a escribir sobre ella. Os iré dejando aquí algún post que ya he escrito, o que voy escribiendo en el otro blog también, y así no os perderé la pista. No tengo disculpa! lo siento, prometo no desaparecer, ya lo sabéis...
Suena el despertador. Sin abrir los ojos intento apagarlo y quedarme en la cama un poco más. Mierda, ¿cuánto bebí anoche? Otro día de mis vacaciones desperdiciado... esto me está matando.
Pero el despertador no se apaga. Me tiro de la cama e intento poner en orden las pocas ideas que mis escasas neuronas consiguen llevarme a la mente. De noche. Alcohol. Tristeza. Ausencia. Tú... Alcohol. Y todo vuelve a empezar. Creo recordar que llegué a casa de otro día horrible, otro de tu repugnante ausencia eterna. Había estado en otra de esas citas que siempre salen mal. Y sólo te veía a tí. Fui a encender la luz de casa, pero algo había fallado. Así que tuve que poner velas por toda la habitación. Me miré en el espejo. Demacrada, triste y con bolsas en los ojos. El pelo negro encrespado recogido en una coleta. Tristeza. Dolor. Y cogi la botella y un vaso. A sorbos fui colando esa droga dentro de mi cuerpo, poco a poco, sin que se notara nada al principio. Y cuanto más bebía, más sola me encontraba. Porque te habías ido, te habían arrebatado de mí de una forma tan horrible...
Aquel día. 8:35. Me llamaste para decir que ya llegabas a casa. Yo te pedí que pasaras por un 24 horas a coger algo para la cena. Acababa de llegar a casa, había pasado por ese 24 horas y no me acordé de entrar... Y tú te enfadaste, de bromas, pero me hiciste una gracia, ya no recuerdo cual, que hizo que me enfadara. Aún así tú tampoco te enfadaste. Y me dijiste "te quiero, enana". Una simple frase, que podría haber contestado con lo mismo. Pero no lo hice, te dije "yo a tí no". No era en serio, pero lo dije. Te dije eso. Y te colgué. Media hora después... una llamada... el hospital... un atraco... disparos... hicimos lo que... no pude más. Todo se oscureció. Mi mundo se acabó para siempre en aquel momento. Lo sentí perfectamente. Yo también vi mi vida como en una película. Toda sobre tí. Y aquella frase "yo a tí no.....". Me estalló el alma y no encontré ningún pedazo que pudiera salvar.
No recuerdo nada más desde aquel entonces. Pasan los días, se suceden acontecimientos que creo que deberían ser importantes pero no lo son. El sol sale, se mueve por el cielo, y desaparece al cabo de unas horas, lanzando sus últimos y primeros destellos al ático donde me dejo morir un poco más cada día. Y pasaban días, y meses, y años. Creo que ayer me dijeron que siete. Y sigo sentada aquí, en nuestro cuarto. Esperando que regreses con la cena. Ya no ceno, sólo espero. Y mientras espero, el espejo de enfrente de la cama me devuelve la misma imagen desolada que siempre.
Y hoy vuelve a ser ayer, y antesdeayer también. Y mañana será hoy. Porque el tiempo se ha parado y retrocede sin cesar a ese día que tuviste que retrasarte porque te mandé comprar la cena. Porque yo no quería cenar otra vez pasta, quería algo dulce, y no pensé que fueras a llevarte todo contigo, a donde quiera que hayas ido sin mí.
Te he prometido que si vuelves, cambiaré. Ya no dejaré la ropa encima de cualquier sitio, y no te despertaré cuando te quedes dormido viendo la tele. No me importará cuando hagas planes para los dos que impliquen ir con tus amigos a algún descabellado sitio. Y dejaré que tengas chocolate en tu mesita. Descambiaré esos zapatos tan caros que te gustaban tan poco. Y no volveré a repetirte que no salgas de la ducha y mojes todo el suelo de la habitación. Echo de menos verlo mojado con tus huellas sobre él. A veces llego a casa y creo verlas todavía, como si acabaras de darte un baño después del trabajo. Porque tú eras la parte de mí que hacía que me sintiera viva. Y ahora...
Ahora tengo que levantarme. Miro a la ventana pero se ve oscuro. ¿Cuánto he dormido? Miro la hora. 8:35 de la tarde. Por lo menos ha pasado un día más sin haber tenido que sufrirlo. Y entonces suena el teléfono. No quiero hablar con nadie, por favor... Dejo que suene. Suena. Suena. Silencio de nuevo...
Vuelve a sonar parece que más fuerte que la primera vez. Me acerco a él irremediablemente, y veo un número tan conocido que me falta el aire. No. No. No.... Tiemblo al cogerlo... "Enana! acabo de salir de trabajar. Lo siento, pero me retuvieron! ¿Necesitas que lleve algo a casa antes de ir?"; "¿qué...?" es lo único que acierto a decir. Suena como él. ¿Es una broma? ¿Qué pasa? "Que si te llevo algo. No sé, algo de cenar, ¿o tenemos de nuevo pasta?". Un tono irónico suena desde el otro lado del teléfono. Le oigo. La misma conversación. La misma hora. Miro a mi alrededor y veo que todo está igual que ese día. Todo. No están las velas del día anterior. Todo está recogido para cuando llegara él. Y mi bolso tirado en la cama, como si yo hubiera llegado hacía poco. "¡Ven ahora mismo! No vayas a ningún sitio, por favor, es muy importante, ¿me entiendes? Ven ahora mismo a casa". Mi voz sonaba desesperada, él asustado me preguntó: "¿te pasa algo, enana? ¿estás bien? ¿qué ocurre?"; "por favor, ¡ven ya!", "bueno... bueno, en cinco minutos estoy allí...". Colgó el teléfono.
No podía ser. ¿Qué pasaba? ¿Todo había sido un sueño? Entonces me acordé. Me busqué la cicatriz que me había hecho la noche anterior al encender una de las velas. Ahí estaba. Ayer había sucedido. ¿Estaría todavía borracha? Me miré en el espejo. Ahí seguían también las bolsas de los ojos, el pelo demacrado, la coleta despeinada... Yo era la misma. Pero todo esto no era igual... Sonó el timbre. Fui corriendo a abrir, rezando para que este sueño no acabara como siempre. Y al abrir, estaba allí, con cara de preocupación. Estallé en un llanto amargo. No podía dejar de tocarle, era real, era ciertamente real, no podía ser... Era él, algo me lo había traído, o algo me había traído a mi de vuelta. No quería saber lo que era. Ayer mismo deseaba que un universo paralelo se cruzara en mi camino y me dejara verle un momento más. Y ahora yo estaba en una especie de universo paralelo, en el que a él no le había pasado nada, estaba a salvo, conmigo, en casa.
¿Os acordáis de Laura? ¿La chica del verano a quien le pasaban cosas desastrosas? ¿Que tenía un jefe que estaba buenisimo y unas amigas metomentodo, y un loro que se llamaba Ra? Pues bien, después de un tiempo sin saber de ella, ha vuelto, jejejeje. Os dejo aquí la continuación de la historia. Un besazo a todos!!!
Susana y Mónica me había preparado una encerrona. No las bastaba con el suplicio de las fotos de sus vacaciones, que ahora teníamos que ir con Miguel y sus amigos (¿quiénes?) el viernes, es decir, hoy mismo, a tomar algo por ahí. Pero vamos a ver, ¿yo qué fui en una vida pasada? ¿asesina en serie?
Pongo la cena a Ra, mientras élm e lo agradece con un sonido parecido al "gracias" pero de un francés. Y mientras le pongo comida, me acuerdo que no he llamado ni me he pasado por la tienda de César... ¡Mierda, Ra! ¡Eso es un dedo! Joder... me chupo el dedo mientras me voy vistiendo a toda prisa. Y ahora encima se me hincha el dedo, fantástico, hoy seré la chica del dedo hinchado. Mónica y Susana me llevan llamando cinco veces cada una. Todavía estoy enfadada. Pensé no quedar al final, pero al fin y al cabo es mi jefe, y tampoco quiero que se lo tome a mal... por otra parte, me da miedo pensar en lo que pueden hacer estas dos si las dejo solas...Con lo cual he tenido que calzarme mis vaqueros unas botas de punta redonda y mi camisa verde. Esperemos que hoy Miguel haya quedado con Sandra y tenga que irse pronto... dios mío, pero cómo intento engañarme a mi misma! Sé perfectamente que no aguanto a Sandrita, que si hoy no sale, yo encantada. Pero habrá que ser educadas y preguntar por la muy estúpida... Pero, ¿Cómo Miguel puede estar con una chica así? Bueno, él es un tanto prepotente, así que le cae al pelo! Y punto!
Por fin acabo de arreglarme, me despido de Ra y me voy camino del bar en el que hemos quedado. Cuando llego, Mónica y Susana ya están entablando amistad con los amigos de Miguel. Se me acercan corriendo cuando me ven, con sus copas ya en las manos.
- No te lo vas a creer! - me dice emocionada Susana. Del entusiasmo, derrama la mitad de la copa sobre mi pantalón. Bueno! Ya empezó la noche.
- ¿Qué es lo que no me voy a creer, Susi? - la digo distraída mientras me limpio un poco el pantalón y miro a mi alrededor buscando a Miguel.
- Los amigos de Miguel - adelanta Mónica, cuidando de que su copa se mantenga alejada de mi camisa - que son majísimos!!
- Por cierto... ¿ya habéis ahuyentado a Miguel? - No le veo por ningún sitio, a saber si le han tirado por encima ya dos copas estas dos...
- Ah! Miguel marchó hace un rato, no sé qué andaba diciendo de su novia, un poco repipi por cierto... - dijo Susana como de pasada.
- ¿Repipi? ¿Ha estado aquí?
- Si, vino al rato de estar aquí todos. Un poco pesada, que por qué tenía que salir de fiesta sin ella! Será tonta... - y acto seguido se reunió con los amigos de Miguel.
Perfecto, la noche maravillosa. Mónica con uno, Susana con otro y yo a dos bandas entre una copa de cacique y otra de arehucas. La música a tope, me viene gente a hablar y entre el pestazo a alcohol, a humo y que no oigo nada, estoy destinada a no socializar. Y de repente, noto que alguien me da un toque en la espalda. Me doy la vuelta desganada y entonces veo a César sonriente detrás de mi. No soy capaz de escuchar lo que me dice, sólo alcanzo a mirarle a los ojos y a esa sonrisa que tiene mientras me habla de vete tú a saber qué. Sin querer, me doy cuenta que yo también estoy sonriendo, y eso debe de haber atraido la atención de mis amigas, porque están hablando entre ellas mientras me miran. Esperemos que por lo menos no vengan a cotillear en mis narices!
Pero al cabo de unos segundos entiendo por qué estaban tan alteradas. Miguel. Acaba de entrar cabizbajo, ha pasado por mi lado, ha visto que estaba con César, se ha ido directo a los amigos mientras veo que mis amigas pegan la oreja a lo que dicen. Luego se me acerca Miguel y medio sonriendo me dice al oido:
- ¿Qué tal la noche? Veo que entretenida...
- Bueno, se hace lo que se puede... ¿y tú? pensé que te habías ido con Sandrit.... Sandra.
- Ya - y se puso serio. - Acabamos de discutir y he roto el compromiso. - Yo me quedo sin saber qué decir, con la boca abierta, no acierto a pronunciar ni una sola palabra de esas que suelen utilizar los humanos para comunicarse. Creo que un "y eso?" hubiera valido. Él hizo un gesto de resignación y se despidió, yéndose hacia la puerta.
César me miraba inquisitivo. Mis amigas detrás las oía hablar con sus amigos sobre el tema mientras veían cómo se iba Miguel. Y yo, ahí parada, en la barra de aquel bar, con César a mi lado y mi cerebro medio etílico a estas horas. Pero Miguel... de todas formas es un imbécil! ahora que le vaya Sandrita a consolar! Ah.... no.... vaya.... que lo han dejado! Pues qué pena me da... Eran tan para cual. Aunque no sé... tampoco era plan de dejarle que se fuera así, que seguro que está fatal el pobre... Pero César... estaba ahí conmigo, hablándome de vete tú a saber qué. Y Miguel...
Dios! esto de decidirse tendría que poder hacerse con algún tipo de máquina! ¿Los inventores que están de crisis?
Agosto sigue su curso, yo me achicharro en la blusita de todos los días y en Granada no hay más que turistas. Que yo no sé qué le ven al verano en el Sur, porque del calor que hace, no se distingue desde lejos ni la Alhambra, pero para gustos...
Dos de mis amigas, Susana y Mónica, ya han vuelto de sus largas vacaciones (el resto, seguían con sus baños en Cádiz, por supuesto). Los dos primeros días que nos vimos, me tuve que ver "animadamente" sus quinientas cincuenta y ocho fotos (las conté, no tuve más remedio...) del viaje a Palma, y las cinco horas de vídeo con enfoques de picado y demás movimientos semi extraños que las parecían de lo más gracioso. La primera hora parecía soportable, a la tercera tuve que ir al baño a darme agua y tomarme una manzanilla por las náuseas que me entraban. Realmente parecía como si todo el vídeo hubiera sido grabado en un barco. Si me llegan a decir que es un video de un crucero, yo me lo creo. Sobre el contenido, mejor no comentarlo. Simplemente decir así de pasada que puede que tuviera que ponerse algún rombo en ciertas escenas.
Después de esos dos días intensivos y de que mi envidia las salpicara por los cuatro costados, parece que quedaron agusto y me preguntaron qué tal en mi nuevo trabajo. Las comenté las cosas por encima y quedaron maravilladas con la historia de Miguel, Sandra y los sucesos que normalmente no se oyen de Granada.
- ¿Y tú con Miguel....? - me dijo Susana dándome codazos y con una sonrisa de oreja a oreja. Mónica la secundó el gesto con más énfasis aún si cabe.
- Miguel es mi jefe, y como ya os he dicho, está con Sandra, que también os he dicho que trabajo con ella... aparte de que me tiene una pinta de prepotente...
- Ya, ya... seguramente, eso es lo mejor de los hombres, un aliciente más. - Susana, una chica de 25 años, estudiante de último curso de Arquitectura, con pinta de no haber roto un plato, podía montarse una historia en la cabeza en medio segundo exactamente. Esta vez la había dado tiempo a mucho más.
Insistieron en que tenían que conocer a Miguel en persona. Por supuesto que me negué. Según eran, imaginaba la escena y me moría de vergüenza. Asi que no las dije horarios ni nada. Mejor dejarlo como estaba...
Pero se ve que en Granada no había mucho que hacer. Todavía las quedaba tiempo de vacaciones, ya que Susana hasta octubre no empezaba el curso y Mónica tenía otra semana de vacaciones. Era martes, un martes asqueroso en el que no había habido ninguna noticia en el periódico y habíamos tenido que tirar de archivo para hacer algún artículo en plan: "¿tu vecino podría ser un ladrón?" o "25 reglas para evitar un atraco". A mi buscando en el archivo se me había llenado de polvo la chaqueta amarilla, con lo cual tenía un color verdoso bastante extraño, y había tenido que recurrir a recogerme el pelo como pude con gomas de oficina porque ya no aguantaba el calor. Tenía un look hermosísimo. Por no hablar de la media hora "no-existente" (así llamábamos al tiempo en el que no hacíamos absolutamente nada en el trabajo. Oye, ¡argot periodístico!) en la que me puse a pintar las uñas con tipex, haciendo una regresión a mis quince años en clases de religión. Pues bien, estaba ya saliendo del edificio, hoy salía un poco antes por la escasez de trabajo, y Sandra y Miguel bajaban en el siguiente ascensor, cuando veo que a lo lejos se acercaban dos chicas que se parecían mucho a Susana y Mónica. Digo que se parecían porque os aseguro que con el calor no soy capaz de reconocer a nadie a no ser que le tenga justo al lado. Me quedé paralizada. Si llegaban ahora y se ponían a decirme barbaridades sobre lo de Sandra y sobre todo Miguel, ellos dos pasarían por delante justo en ese momento. No supe qué hacer, salvo entrar corriendo en una tienda de animales, "Nice pets" que estaba justo al lado del periódico. Entré tan deprisa que al cabo de unos segundos me di cuenta que el dependiente me miraba con asombro y una medio sonrisa en los labios.
- Lo siento - dije como pude - es que creí que iban a cerrar y... pues yo... - en estos momentos recordé todo lo que sabía sobre "el alcohol merma tus capacidades mentales" y los mojitos que de estrangis nos servía Carlos, el camarero del bar de la facultad - ... pues yo es que andaba buscando... - mientras proseguía dando muestras de una gran fluidez verbal, sólo apta para grandes periodistas como una servidora, miré hacia los lados, divisando un pájaro de un amarillo intenso, parecido a un loro pero algo más pequeño. Bueno, soy periodista, ¡no veterinaria! - ¡... andaba buscando un pájaro!
- Veo que te has fijado en éste es un bla bla, blablabla, blabla, bla.... - fue todo lo que entendí mientras por el rabillo del ojo vigilaba a mis dos amigas que andaban buscándome a las puertas del periódico, riéndose entre ellas cada dos segundos. - bla bla bla, blabla, de rebajas al 80%, cincuenta euros con comida y jaula de regalo. - Me giré en ese momento hacia el vendedor. ¡Joder! ¡Y eso que era de rebajas! ¡Y al 80%! Miré al pajarito, que se me había quedado mirando con cara de "cómprame, cómprame, cómprame, porfa porfa porfaaaa" y no tuve más remedio que sacar la cartera y pedirle que lo preparara, que me lo llevaba. Bueno, un animalito en casa no estaba mal... Y entonces me di cuenta. El chico que me estaba atendiendo. Era moreno tirando a castaño, de piel bronceada y unos ojos verdes oscuros impresionantes, que no dejaba de sonreir. Estaba todo el tiempo hablando a los animales, parecía que les tenía cariño. Cuando metió al susodicho pájaro en una caja enorme (yo con eso ni de coña puedo) le iba hablando en un tono muy amable. Me di cuenta de que parecían buenos amigos.
- ¿Cómo le llamas?
- ¿Perdona?
- Me he fijado en que hablabas con él. Imagino que le llamarías de alguna forma mientras estaba en la tienda. - Él me miró volviendo a sonreir, y mientras miraba al pájaro por una rendija de la caja, me dijo:
- Ra.
- ...món - dije concluyendo el nombre que más me sonó a ese diminutivo. Él se echó a reir, pero encima con ganas, casi le salían lágrimas de los ojos. Cuando se calmó, me explicó:
- No, le llamaba Ra, por el dios del Sol, tiene un pelaje tan amarillo y un porte tan magnífico que no se me ocurría otra cosa. -
¡Estúpida, estúpida, estúpida Laura! "Ra...món" pensé hasta imaginándome mi voz sonando ahora ridícula al lado de la explicación que me dio el chico. Me debió de notar por la cara lo que estaba pensando y se apresuró a decirme que es que era un estudiante de Antropología que estaba trabajando en la tienda de sus tíos los veranos para pagarse viajes por el mundo durante las vacaciones de navidad, semana santa y algún puente que otro. Y sin apearse de esa sonrisa, me dijo:
- Y yo me llamo César.
- Yo Laura - y me tendió la mano. Nos dimos la mano. Casi literal, porque ni yo le soltaba la suya ni él la mía. Al cabo de unos minutos (imagino que segundos, pero de ese tipo de segundos muy muy largos) nos soltamos y me dijo - bueno, para lo que necesites, toma una tarjeta de la tienda. Bueno, espera, que te apunto mi móvil por si tienes alguna urgencia. - Y anotó un número de móvil, poniendo su nombre al lado, en la tarjeta de la tienda. La guardé en la cartera y empecé a pensar en cómo llevar todo eso a pie hasta mi casa. César me vio intentando coger la jaula, la bolsa de la comida y al pobre Ra, y me dijo:
- Voy a cerrar ya la tienda, si quieres te acompaño con el coche a casa.
- Pues no sé qué decir... bueno, la verdad es que no sé sino cómo llevar todo esto... - dije con una sonrisa tímida.
Con lo cual, casi sin darme cuenta, César me estaba llevando a mí y a Ra a mi casa. Llegamos al portal y me ayudó a bajar todo, hasta llevármelo al ascensor.
- Bueno, pues cuida de Ra, es un poco trasto al principio, pero luego cuando te conoce, se pone cariñoso. - Yo miré la caja con mi inesperado amigo plumífero dentro y le aseguré que le cuidaría. Nos despedimos y subí a mi casa. Puede que César oyera las voces de mi acalorada madre cuando me vio entrar con semejante auto-regalo. Fueron considerables. Me fui a la habitación, a poner a Ra en su nuevo hogar. Al acabar de instalarle del todo, miré el móvil, que no me había dejado de vibrar desde hacía un rato. Susana y Mónica, 27 llamadas en diez minutos. No me quiero ni imaginar lo que han podido hacer... y de repente, veo un mensaje de Mónica, el cual ponía: "Miguel es muy majo, ¡aparte de guapo! ¡qué callado te lo tenías, so guarra! A la novia no la hemos caido tan bien, pero hemos quedado las tres (Susi, tú y yo, claro), con Miguel y sus amigos este viernes. ¡Dice que no faltes!". Releí el mensaje unas diez veces. No era posible. Eran capaces de haber estado preguntando por él en mitad de la calle. las llamaré después de cenar, que hoy por la tarde tengo mucho de lo que hablar con Ra...
Pienso en tí en dondequiera que esté, en cualquier momento me vienen a la cabeza mil recuerdos que intenté atrapar hace años. Pero hay tantos, que se esparcen por mi mente cuando menos quiero que lo hagan. Todos los días un terrible dolor atormenta mi calma. Me intento aferrar a lo bueno de mi vida, al sin fin de momentos buenos que hay que vivir. Y aún así sigo pensando que los mejores ya pasaron, que no quedan más, que sólo me queda recordar cada paso que dabas, cada gesto de enamorado que tuviste durante ese tiempo.
¿Cómo podría hacer para olvidarte? ¿cómo olvidar un amor de película, de ésas en blanco y negro, con un final en el que se ama tanto que hay que dejarlo marchar? ¿Qué puedo hacer para sentirme mejor, para no necesitar dormirme llorando todas las noches desde que te fuiste?
Me intento mentalizar de que puede que haya alguien más para mí, igual que puede que lo haya para tí también, allá afuera, en ese mundo que cada vez me parece menos amigable y más despreciable. Intento centrarme en conocer más amor, y cuanto más amor conozco, más me decepciona. No consigo ver tus ojos en ningún otro ser que habite la faz de la tierra. Esa mirada de hacer todo por amor, de respeto y decisión, de arrojo y cariño, de todo cuanto se puede desear. No existe esa mirada, te las llevaste tú todas.
Repaso mis acciones detenidamente, y no veo más que abulia, apatía y tristeza en todo lo que emprendo. Mi paciencia y ganas de darlo todo acabaron en el mismo instante en el que te vi marcharte. Porque no lo dudaste ni un momento, fue lo más fácil y lo más difícil a la vez. Imagino que te convenciste de que al cabo de un tiempo no habría más dolor. Me fascina ese tipo de gente a la que le vale la psicología barata... Y mientras tú te ibas, yo me ahogaba en llantos desesperados, en gritos desgarradores desde lo más profundo de mi alma, conjurando a todo ser que pudiera traerte de vuelta conmigo. Nadie, ninguno de los que nos creían inseparables, hicieron nada.
Y la ausencia se fue haciendo cada vez más asfixiante, y sin embargo yo te sigo teniendo presente cada día de mi vida, en cada fracaso y en cada momento de paz que consigo tener. Porque hasta cuando menos lo necesito, vuelvo a nuestro pasado, y compruebo que hay cosas irrepetibles, quetú ni nadie así aparecerá de nuevo en mi vida. Tendría que haberme acostumbrado a estas alturas, pero sigo siendo una niña con los zapatos de tacón de su madre. Sigo queriendo utilizar una varita mágica para hacer aparecer pasteles y helados, y me hago la dormida pensando que así mi príncipe aparecerá para llevarme a su castillo de cuento de hadas. Pero nadie ha sabido más que tú dónde me encuentro para ir a buscarme.
Tengo que acostumbrarme a que pasen los días sin esperar volver a verte. Pero cuanto más razono y comprendo que es así la realidad, más me aferro a la fantasía. Dormiré mil años hasta que vuelvas, porque tu embrujo no puede durar menos que eso, lo he comprobado. Seguiré dormida en tu recuerdo, hasta que un día quieras despertarme. Lo triste será que cuando queramos, no seremos capaces ni de encontrarnos...
Con tu permiso contaré la historia, ésa del chico con pantalones pirata y bandolera, de aquel chico soñador y comprometido, que luchaba por un mundo mejor. Aquel con esa sonrisa tierna y pícara, que hacía que perdieras la razón.
Creo que con tu permiso contaré esta historia, la historia que me llevó a conocerte, a conocer al hombre infranqueable detrás del que te escondías temiendo ser herido en cualquier momento. Esa historia que me acercó un poco más a tí, que hizo que pudiera comprender la incomprensión que llevabas pegada constantemente a tu espalda. Conocer al hombre por el que todas suspiraban, anhelaban una sola mirada. Ese hombre que me regaló miles de ellas, con otros miles de besos adornadas.
Quiero contar esta historia, es más, lo necesito. Necesito volver a revivir en mi alma aquellos momentos, los primeros y los últimos, da igual el orden en el que los recuerde. Esos momentos de miedo por si no te conseguía, de angustia por perderte, de terror por no volver a estar junto a ti.
Me gustaría contar la historia, esa historia de calma, esperanza y deseo. De mentiras y verdades, de odios enlazados con amor, de calumnias sinceras, de felicidad disfrazada tras muros de incertidumbres. Tardes de domingo en el sofá, comiendo palomitas, tapados con mantas y viendo en la tele todos los programas basuras que podía haber. Una historia de noches frías que se volvían calurosas, noches de tormentas cálidas, de rayos y truenos que dan paz, de peleas, discusiones y dulces reconciliaciones. Noches de rituales, un no poder dormir sin ver tu cara al apagar la luz, sin decirnos un "te quiero" nocturno, con alevosía y sin necesidad de hacerlo.
Esa historia debería ser contada. Esa historia de días de promesas a medio cumplir, un verano en la playa y arena sucia en nuestros zapatos. Horas de estudio y de ocio mientras la luna bañaba el ambiente con violeta y avellana. Un verano singular, de propósitos de un futuro lejano, demasiado lejano para ser tan siquiera soñado. De un futuro que no existiría, pero que nosotros nos empeñábamos en querer vivir. Ese futuro que abandonaste al poco tiempo, buscando otro totalmente distinto, con distintos personajes y distinta trama.
Me hubiera gustado contar esa historia. Tu historia y la mía, nuestra historia. Pero no puede ser contada. El cielo se derrumba al oir las primeras palabras y no puedo evitar pensar que ya ni siquiera es una historia. Tú no la consideras como tal, piensas en ella como un pasaje más de tu vida, de la vida que llevas ahora. Dudo hasta de si alguna vez después de que todo acabara pensaste en ella como una verdadera historia. Más bien es un cuento. Un cuento en el que la abuelita se come al lobo y caperucita huye por el bosque zampándose las magdalenas de la cesta. Un cuento en el que el príncipe nunca va a despertar a la bella durmiente, ni busca a la cenicienta por el "qué dirán"; en el que la bella desprecia a la bestia por su aspecto y al principito se le muere el baobab al ser comido por una oveja del tamaño de su planeta.
Aunque quisiera, esta historia no podría ser contada. Debería ser encerrada a cal y canto en una caja de seguridad. Hundida en las profundidades del océano y no volver a por ella nunca más. Porque lo perdido, está perdido. Y el futuro que no ha sido... no será jamás.
Noto tu ausencia cada día, abriéndose paso en mis entrañas, desgarrándome por dentro y agitándose en mi interior para que la deje salir. Y sin embargo, siento un grito ahogado visceral, un aullido desesperado de mi alma, que lucha por hacerse hueco en mi cuerpo, intentando llegar al órgano de la razón que me mantiene alejada de todo y distanciada de la vida.
Noto tu ausencia con cada latir de mi corazón, que late por desidia y por la rutina que le hace sentirse poco comprendido.
Noto tu ausencia, aunque te haya dicho siempre lo contrario. Aunque me haya intentado convencer de que sólo eras uno más, que me olvidaría de tí tarde o temprano. Sé que noto tu ausencia y no sólo es un martilleante dolor en el orgullo herido. Ese dolor siempre pasa. Pero el dolor de tu ausencia se mantiene año tras año, sin que pueda ponerle fin de una vez por todas.
Y porque noto tu ausencia, porque sé que te extraño, y te extraño porque te quise, te quiero y te querré, y porque ya basta de engañar al mundo y a mí misma sobre mis sentimientos. Y porque sé que nunca más volveré verte, porque estás a cientos de kilómetros de mí y a miles de mi alma. Y porque mi vida sin tí está completamente vacía y sin sentido, y no tengo ganas de comenzar ningún nuevo proyecto. Porque necesito verte una última vez para poder por lo menos despedirme. Pero sé que no podré tener ese último momento contigo. Porque daría lo que fuera por sentirte de nuevo, o por lo menos verte de lejos pasar por delante de mí, con tu americana y tus vaqueros, con tu mochila, camino de la facultad, con tu libertad a cuestas y tus ganas de comerte el mundo, con tu cara seria que siempre ponías antes de lanzar aquellas sonrisas que tanto añoro.
Noto tu ausencia, puede que porque sé que me queda una eternidad sin tí, y porque sé que soy una cobarde que nunca más dará su brazo a torcer, porque el orgullo me corroe por dentro cada día más. Notaré tu ausencia toda mi vida, porque hay cosas que aunque sepamos que se deben olvidar, necesitamos poderlas recordar.
Soñadora compulsiva, viajera empedernida, amante del arte. Aunque unas pocas palabras no creo que describan a una persona, lo que es cierto es que a veces para conocernos mejor, hay que escribir. Y por eso ha nacido este blog, e imagino que otros muchos...
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