La entrevista de trabajo
"¿No habéis tenido la sensación alguna vez de que las cosas van como tenían que ir?
Yo hace años tuve esa sensación nada más levantarme de la cama. Era algo que me contraía el pecho y de repente enrarecía el aire. Los pulmones parecía que se me iban a encharcar. Tosí un par de veces y me incorporé en la cama. Miré hacia el reloj que tenía colgado en la pared y vi que ya llegaba tarde. Una entrevista de trabajo a la que llegues tarde es mal comienzo...
Me visto a trompicones, tengo que quitarme de nuevo la camisa porque me la he abrochado Dios sabe cómo. La camiseta con la que duermo, lanzada al aire y desperdigada por el suelo. Olor a cafe por entre las rendijas de las puertas.
Me echo a mí misma una carrera por el pasillo hasta la cocina, con un zapato puesto y otro en la mano. Nota mental: no llevar estos zapatos a hacer deporte... Cojo una taza de café recién hecho. Y os preguntaréis, ¿cómo es que el café está recién hecho, si te acabas de levantar, Laura? Es penoso reconocerlo a mis 26 años, pero cuanto antes, mejor. Allá va... es que todavía vivo con mi madre. Y porque mi padre se fue de casa allá por el año 87, cuando yo sólo tenía cinco años. Creo que tenía el pelo ondulado, color castaño, y al sonreír le salían como una especie de hoyuelos y se le achinaban los ojos. Pero puede que me confunda con los padres de las pelis del fin de semana, tengo un batiburrillo impresionante porque cada vez que echaban una, mi madre siempre me decía señalando a todos los padres: "mira hija, tu padre tenía ese mismo pelo", o "tu padre usaba ese tipo de ropa" y cosas por el estilo.
Lo que iba diciendo, que es irremediable, vivo con mi madre. Una mujer de 53 años (si se entera de que he dicho su edad, ¡me cuelga!), pero no aparentados (espero haber resuelto el problema anterior...), con el pelo largo y negro azabache, piel tersa y bien cuidada, figura esbelta y siempre con un traje de chaqueta puesto. De pequeña imaginaba que mi madre había nacido tal cual, con el traje de chaqueta en vez de una barra de pan debajo del brazo.
Pero dejemos el resto de descripciones personajiles para después, que ahora, como ya he dicho, llego muy tarde. Cojo la chaqueta de pana verde oscura y me voy. No, no me despido de mi madre porque ella hace ya bastante tiempo que se fue a trabajar... soy una vaga, lo sé, mira que levantarme a las 10 y media...
Como os iba diciendo, es una entrevista importante, yo estudié periodismo en Madrid, hace años que acabé (no tantos, pero queda muy bien cuando son más de dos), pero he ido de trabajo en trabajo todo este tiempo. Nadie quiere hacer fija a una chica de 26. Qué más les daría, ¡si iba a seguir llevándoles cafés y haciendo las fotocopias de igual forma! El caso es que hoy mismo, a las 11 de la mañana tengo mi esperada entrevista de trabajo, en el periódico Avatares, que se distribuye por todo el sur de España. ¡Vaya! no os lo había dicho hasta ahora, yo soy de Granada, por aqui abajo, sí. Y este periódico no es que sea muy importante, pero por lo menos te pagan bien y te suelen hacer fija. Deben de ser muchos para llevarles el café.
Llego casi sudando,lo cual puede que me dé algo de mala imagen, no sé, a la sede central del periódico. Consigo que entre exalación y exalación me entiendan en información dónde quiero ir y me planto frente al ascensor a la espera de subir a la planta correcta. Os tengo que confesar que voy a la segunda planta, pero no puedo más con mi alma, siento quedar como una antiheroína, que volaría por las escaleras hasta llegar al despacho del jefe. Pero ni me va a atender precisamente el jefe, ni tengo las piernas tan largas como para correr sin cansarme... Mientras espero a que baje el ascensor (ley de Murphy: si esperas a un ascensor para subir pocas plantas, éste tardará más que si llegas a ir andando), un hombre de unos 30 años se para a mi lado. Para esperar también, esto no es una novela romántica ni mucho menos... El caso es que el impertinente de él me dice: "¿tienes que ir al baño o algo?" dijo con una sonrisa de amabilidad y compañerismo. ¿Qué? ¿al baño? "¿perdón?" le respondo con acritud. "Si, es que te estaba viendo dar saltitos y parecía..." creo que la cara de perros que traigo hoy, le asustó un poco... la verdad es que sin darme cuenta, y por los nervios, me había puesto a dar pequeños saltos en mi sitio mientras esperaba al ascensor. ¡Pero eso no es excusa! "Si quisiera ir al baño, no creo que fuera cosa suya, y perdone que llego tarde" le dije y me monté en el ascensor. Vaya, él estaba esperando también, un fallo. Nos montamos los dos y se hizo el silencio. "yo sólo quise..." oi su voz por detrás de mi "no me importa" le corté. Por suerte llegó la planta segunda antes que la quinta, a la que iba él. Sí, es una cuestión matemática, no me preguntéis por qué. "Hasta luego, ya nos veremos" me dijo el metomentodo caradura y maleducado de él. "Pues no creo" dije sin girarme siquiera y me fui directa al despacho donde tenía la entrevista. Pero mientras subía gente en el ascensor, oía que le iban saludando con unas reverencias que llegué a pensar que podía ser el jefe de no ser porque obviamente no podía serlo por su edad. Y bueno, que he de reconocer que era guapo, nunca había visto un jefe guapo en toda mi vida. Porque un moreno con ojos claros no pegaba como jefe. Y menos aún tan impertinente. Pero como siempre, no tengo buen ojo para adivinar. Oigo que alguien bien trajeado le dice: "perdone, tengo que saber si para la junta de mañana va a poder llegar de su viaje a Pekín". Sí, suena como una frase de película, pero es exactamente lo que dijo. En ese momento me giré para mirar al que había armado tanto revuelo. Ya no oi la respuesta porque el ascensor se cerró mientras él me sonreía y agitaba la mano desde ese barullo de gente. Inmóvil, pregunté al primero que pasó por mi lado "perdona, ¿sabes si ése del ascensor, el jovencito, era algún jefe o algo?" "¿algún jefe?" dijo el chico "es el jefe, trabaja aqui desde hace cinco años, su padre le dio en herencia la jefatura del negocio." "gracias gracias" dije yéndome de alli enseguida y dejándole con la palabra en la boca al chico.
Veo el despacho al que tengo que entrar para la entrevista. Adiós a independizarme, a tener un trabajo estable en un periódico, a empezar a vivir, a poder pedir en el banco una tarjeta de crédito.... vamos, todo eso a lo que la gente aspira. En cuanto el jefe vea mi currículum con mi foto, se acabó. Tenía que haber madrugado más, siempre me lo dice mi madre...
Sé que empecé diciendo que tenía la sensación de que las cosas iban como tenían que ir. Estaréis pensando que nunca acierto ni una, pero es que todavía no he acabado..."













unagatadormida dijo
Nunca se sabe lo que va a ocurrir, pero al menos leerán tu curriculum, no te deprimas ;) Y mucha suerte!
16 Junio 2008 | 03:31 AM