Una mesa con vistas (II)
Siete AM, café bien cargado por encima de mi chaqueta. Está claro, a esta hora no sé por dónde se toma el café. Y vuelvo a llegar tarde, esta vez a mi primer día de trabajo. Voy corriendo hacia la habitación de nuevo para cambiarme la chaqueta, como no corra, ¡no llego!
Sí, porque después de lo mal que empecé aquel día de mi entrevista importantísima de trabajo, ya todo me daba igual. Y parece ser que estuve muy suelta y natural en la entrevista. Como para no.. lo que más me extrañó fue que pasara la censura del "jefe". Y es que a día de hoy, todavía no sé ni su nombre. Bueno, tampoco es que me importe, pero ya que va a ser mi jefe, lo normal es que conociera su nombre, por si algún día por algún casual volvemos a coincidir. Que lo dudo mucho, pero bueno, por si acaso...
Me pongo unos zapatos con los que pueda llegar más rápido al trabajo que la última vez, saludo a mi madre, que está en su habitación vistiéndose todavia (¡nunca pensé que llegara a salir de casa antes que mi madre!) y me voy corriendo hacia el periódico.
Al llegar, ya me ha salido una ampolla en el pie izquiero y se me han roto las medias por tres sitios distintos. Otro día perfecto para la colección. Vuelvo a preguntar en información, esta vez por mi departamento. Es increíble, cubro (bueno, ayudo a cubrir al ayudante del ayudante del ayudante, etc etc etc) las noticias de sucesos. Puede que sea porque me han notado que soy bastante perspicaz. Pero según mi madre es porque en Granada no suele haber muchos sucesos extraños que digamos, y allí no voy a molestar. La chica de recepción, Maria, me comenta que el ascensor está averiado, y que por lo tanto tengo que subir cinco plantas a pie por unas escaleras que son peores que llegar a la cima de una pirámide. Parece que hoy tampoco es mi día. Noto cómo la gente me va mirando cuando paso, puede que por el sudor (al final van a creer que es algo cotidiano en mí), la camisa medio por fuera de la falda, las medias rotas y encima la cojera que llevo a causa de esa ampolla en el pie izquierdo. Y ahora, cinco pisos andando.
- Genial - voy diciéndome a mí misma a media voz, - menuda mierda de día... - pero no había hecho más que empezar.
Llego a la quinta planta, más empapada de sudor si cabe y con los zapatos en la mano a causa del dolor insoportable que me causa la herida. Me los pongo corriendo, y toda digna comienzo a caminar por entre las mesas hasta llegar a un despacho que pone en letras bien grandes: "DIRECCIÓN EJECUTIVA". Ni idea de lo que significará eso, pero con lo que les ha tenido que costar la placa, debe de ser alguien que cobra como el cuádruple que yo. Toco a la puerta y una voz me dice que pase. Y al abrir la puerta, noto cómo me empieza a quemar la cara y me tiemblan las rodillas. No puede ser.
- Laura, ¿no? - me dice mister impertinente con la misma sonrisa en la cara que la primera vez que le vi en el ascensor, - siéntate, vamos, deja que te explique en qué va a consistir tu trabajo.
No soy capaz ni de articular palabra, así que lo más coherente que puedo hacer es sentarme y poner una sonrisa de idiota para lo que resta de conversación.
- Bueno, - dice mientras sigue sonriendo. Parece que le hace gracia la puñetera situación encima... - pues me voy a presentar, soy Miguel, y voy a trabajar contigo. - le miro extrañada. No, conmigo no, ¡yo voy a trabajar para tí más bien! me nota la mirada de incertidumbre y me dice - imagino que sabrás que mi padre me dejó este periódico y que ahora lo llevo yo, pero yo ante todo soy periodista, adoro mi trabajo, y esta sección la que más. Siempre he pensado que la podía llevar yo sólo junto con un par de personas más, pero creo que era hora de que apareciera por aquí alguien nuevo que diera más vidilla a esta planta - no, si al final soy el entretenimiento que sale de la tarta de despedida de soltero...
- ¿Y qué se supone que tengo que hacer? - la voz me ha salido tan baja que Miguel ha tenido que acercarse más para oirme.
- Básicamente traerme los cafés y fotocopiar lo que te mande. - Oh, genial, un gran trabajo. - No, ¡es broma! - me dice echándose a reir - ¿cómo iba a desperdiciar a alguien con tu talento sólo para eso? He leido tu currículum, has trabajado en este último año en dos periódicos, durante la carrera publicaste varios relatos y colaborabas con el periódico de tu facultad, ganaste un certamen de prosa poética... no te voy a mandar hacer mis cafés. Aparte que sólo tomo té. - Siempre tiene que terminar con algo gracioso, es increible... - Así que - dijo levantándose - déjame que te acompañe a tu mesa; está justo aqui al lado. - Salimos y me acompañó a una mesa que estaba a un metro de su despacho. Estaba recogida, apartada del bullicio de la oficina en general, con una gran ventana detrás por donde podía ver a un vecino que estaba rascándose... en general. Bueno, ¡no todo iba a ser perfecto!
- Esta es tu mesa. Normalmente yo te avisaré de los sucesos que tienes que ir a cubrir, más lo que sean de tu propia iniciativa y quieras traer a mayores. ¡Ah! te presento a Sandra, ella es otra de tus compañeras, que va a trabajar contigo - me dijo haciendo señas a la tal Sandra para que se acercara. Creo que lo que pasó acto seguido no fue un delirio mío a causa de la ampolla en mi pie, pero Miguel y Sandra se besaron, alli, ¡delante de todos! Como adivinando mis pensamientos, Sandra se apresuró a explicar:
- Miguel y yo estamos prometidos - y acto seguido me plantó en toda la cara un anillo que no pude ver bien por la extrema proximidad a mis ojos, pero que intuí que era de tamaño considerable. Como veis, mis días siempre empeoran conforme pasan las horas. Me tocaba trabajar en la misma planta que mister impertinente-barra-perfecto y su prometida-barra-meimportamásmianilloqueminovio. Nunca que me llevado bien con las mujeres, sólo lo suficiente para joderla y acabar a leches. Así que, estaba perdida...
- Hoy mismo me han dado un chivatazo de un robo en una joyería, en media hora tengo que estar en Reyes Católicos para ver si consigo pillar algo, así que, si te parece bien Laura, puedes dejar tus cosas en la mesa y nos vamos un unos minutos - me dijo toda decidida Sandra, yéndose a su mesa, justo enfrente de la mía. Y mientras iba hacia alli, me fue diciendo en alto (tan alto que el hombre del edificio de enfrente creo que hasta dejó de rascarse) - ¡ah! y quítate esas medias, queda muy feo que las lleves tan rotas, de camino podemos parar a comprar otras si quieres.
La quemazón de la cara volvió de nuevo. Quise desmayarme en ese mismo momento, eso o saltar al edificio de enfrente. Miguel me sonrió y me dijo:
- Bueno, yo me vuelvo al despacho, los casos de los robos a joyerías ya están muy vistos, pero si encuentras algo realmente interesante, avísame y dejo el papeleo para otro día. - Me guiñó un ojo y se dio media vuelta, entrando en su despacho y cerrando la puerta tras de sí.
Otro días perfecto... Y yo con estos pelos.










elisabethbennet dijo
ya he vuelto!!!! siento la tardanza, de veras, pero estoy liadisima, ya sabéis, currar gratis es lo que tiene, jejejeje. pero bueno, ahi va la segunda parte.... a ver cuándo me da tiempo a escribir más!!
besitossssss
pd: gracias domovilu por ponerme las pilas, que lo necesitaba!
27 Junio 2008 | 11:03 PM