Con tu permiso...
Con tu permiso contaré la historia, ésa del chico con pantalones pirata y bandolera, de aquel chico soñador y comprometido, que luchaba por un mundo mejor. Aquel con esa sonrisa tierna y pícara, que hacía que perdieras la razón.
Creo que con tu permiso contaré esta historia, la historia que me llevó a conocerte, a conocer al hombre infranqueable detrás del que te escondías temiendo ser herido en cualquier momento. Esa historia que me acercó un poco más a tí, que hizo que pudiera comprender la incomprensión que llevabas pegada constantemente a tu espalda. Conocer al hombre por el que todas suspiraban, anhelaban una sola mirada. Ese hombre que me regaló miles de ellas, con otros miles de besos adornadas.
Quiero contar esta historia, es más, lo necesito. Necesito volver a revivir en mi alma aquellos momentos, los primeros y los últimos, da igual el orden en el que los recuerde. Esos momentos de miedo por si no te conseguía, de angustia por perderte, de terror por no volver a estar junto a ti.
Me gustaría contar la historia, esa historia de calma, esperanza y deseo. De mentiras y verdades, de odios enlazados con amor, de calumnias sinceras, de felicidad disfrazada tras muros de incertidumbres. Tardes de domingo en el sofá, comiendo palomitas, tapados con mantas y viendo en la tele todos los programas basuras que podía haber. Una historia de noches frías que se volvían calurosas, noches de tormentas cálidas, de rayos y truenos que dan paz, de peleas, discusiones y dulces reconciliaciones. Noches de rituales, un no poder dormir sin ver tu cara al apagar la luz, sin decirnos un "te quiero" nocturno, con alevosía y sin necesidad de hacerlo.
Esa historia debería ser contada. Esa historia de días de promesas a medio cumplir, un verano en la playa y arena sucia en nuestros zapatos. Horas de estudio y de ocio mientras la luna bañaba el ambiente con violeta y avellana. Un verano singular, de propósitos de un futuro lejano, demasiado lejano para ser tan siquiera soñado. De un futuro que no existiría, pero que nosotros nos empeñábamos en querer vivir. Ese futuro que abandonaste al poco tiempo, buscando otro totalmente distinto, con distintos personajes y distinta trama.
Me hubiera gustado contar esa historia. Tu historia y la mía, nuestra historia. Pero no puede ser contada. El cielo se derrumba al oir las primeras palabras y no puedo evitar pensar que ya ni siquiera es una historia. Tú no la consideras como tal, piensas en ella como un pasaje más de tu vida, de la vida que llevas ahora. Dudo hasta de si alguna vez después de que todo acabara pensaste en ella como una verdadera historia. Más bien es un cuento. Un cuento en el que la abuelita se come al lobo y caperucita huye por el bosque zampándose las magdalenas de la cesta. Un cuento en el que el príncipe nunca va a despertar a la bella durmiente, ni busca a la cenicienta por el "qué dirán"; en el que la bella desprecia a la bestia por su aspecto y al principito se le muere el baobab al ser comido por una oveja del tamaño de su planeta.
Aunque quisiera, esta historia no podría ser contada. Debería ser encerrada a cal y canto en una caja de seguridad. Hundida en las profundidades del océano y no volver a por ella nunca más. Porque lo perdido, está perdido. Y el futuro que no ha sido... no será jamás.











elisabethbennet dijo
Seguiremos esperando a que lda abra de nuevo. escribí a los admin. pero para variar, ni una palabra..... bueno, y yo con las ganas de hablar acalladas por los problemas informáticos. si es que.....
besitos a todos!
29 Septiembre 2008 | 11:15 AM