Dormir mil años
Pienso en tí en dondequiera que esté, en cualquier momento me vienen a la cabeza mil recuerdos que intenté atrapar hace años. Pero hay tantos, que se esparcen por mi mente cuando menos quiero que lo hagan. Todos los días un terrible dolor atormenta mi calma. Me intento aferrar a lo bueno de mi vida, al sin fin de momentos buenos que hay que vivir. Y aún así sigo pensando que los mejores ya pasaron, que no quedan más, que sólo me queda recordar cada paso que dabas, cada gesto de enamorado que tuviste durante ese tiempo.
¿Cómo podría hacer para olvidarte? ¿cómo olvidar un amor de película, de ésas en blanco y negro, con un final en el que se ama tanto que hay que dejarlo marchar? ¿Qué puedo hacer para sentirme mejor, para no necesitar dormirme llorando todas las noches desde que te fuiste?
Me intento mentalizar de que puede que haya alguien más para mí, igual que puede que lo haya para tí también, allá afuera, en ese mundo que cada vez me parece menos amigable y más despreciable. Intento centrarme en conocer más amor, y cuanto más amor conozco, más me decepciona. No consigo ver tus ojos en ningún otro ser que habite la faz de la tierra. Esa mirada de hacer todo por amor, de respeto y decisión, de arrojo y cariño, de todo cuanto se puede desear. No existe esa mirada, te las llevaste tú todas.
Repaso mis acciones detenidamente, y no veo más que abulia, apatía y tristeza en todo lo que emprendo. Mi paciencia y ganas de darlo todo acabaron en el mismo instante en el que te vi marcharte. Porque no lo dudaste ni un momento, fue lo más fácil y lo más difícil a la vez. Imagino que te convenciste de que al cabo de un tiempo no habría más dolor. Me fascina ese tipo de gente a la que le vale la psicología barata... Y mientras tú te ibas, yo me ahogaba en llantos desesperados, en gritos desgarradores desde lo más profundo de mi alma, conjurando a todo ser que pudiera traerte de vuelta conmigo. Nadie, ninguno de los que nos creían inseparables, hicieron nada.
Y la ausencia se fue haciendo cada vez más asfixiante, y sin embargo yo te sigo teniendo presente cada día de mi vida, en cada fracaso y en cada momento de paz que consigo tener. Porque hasta cuando menos lo necesito, vuelvo a nuestro pasado, y compruebo que hay cosas irrepetibles, quetú ni nadie así aparecerá de nuevo en mi vida. Tendría que haberme acostumbrado a estas alturas, pero sigo siendo una niña con los zapatos de tacón de su madre. Sigo queriendo utilizar una varita mágica para hacer aparecer pasteles y helados, y me hago la dormida pensando que así mi príncipe aparecerá para llevarme a su castillo de cuento de hadas. Pero nadie ha sabido más que tú dónde me encuentro para ir a buscarme.
Tengo que acostumbrarme a que pasen los días sin esperar volver a verte. Pero cuanto más razono y comprendo que es así la realidad, más me aferro a la fantasía. Dormiré mil años hasta que vuelvas, porque tu embrujo no puede durar menos que eso, lo he comprobado. Seguiré dormida en tu recuerdo, hasta que un día quieras despertarme. Lo triste será que cuando queramos, no seremos capaces ni de encontrarnos...







dawn dijo
no se si te ayudará esto, pero hay que seguir el camino, los que se quedan atrás son casi siempre a los que ya necesitas para continuar....todo pasa, hasta lo malo pasa.....
respecto al relato esta muy bien escrito, te engancha desde el principio.
un gran beso
16 Enero 2009 | 07:08 PM